Una escritura que va mucho más allá de la gramática

Desde que aprendemos a redactar un texto, siempre pensamos que escribir es un proceso que consiste en aplicar todas las reglas que encontramos en los libros de gramática. Sin embargo, la redacción de textos va mucho más allá de eso.

Es cierto que muchos tipos de texto deben presentar una gramática correcta, según reconocen los estudiosos más destacados en la materia. Las gramáticas de autores como Evanildo Bechara, Celso Ferreira da Cunha y Carlos Henrique da Rocha Lima no pueden faltar en las estanterías de los profesores de portugués, correctores de textos, periodistas y demás profesionales que trabajan con la escritura en lengua portuguesa. No obstante, el mero hecho de seguir las grandes referencias de los gramáticos —que, por cierto, a menudo discrepan entre sí— y aplicar correctamente todas las normas en un texto no garantiza que el autor vaya a producir un buen texto. Esto dependerá de varios factores.

Para empezar, debemos tener en cuenta que no existe un único tipo de texto. Las posibilidades son infinitas, desde una tesis doctoral o un artículo científico catalogado internacionalmente hasta una simple publicación en una red social, pasando por la literatura y los libros de recetas. Cada uno de ellos exigirá al escritor algo más que saber que no se separa con coma el sujeto del predicado; una serie de otras habilidades harán que el texto cobre forma y cumpla su función primordial: comunicar.

Huelga decir que tu publicación en Instagram para enseñar a tus amigos tu última creación del almuerzo del domingo no exigirá la misma formalidad que el trabajo de fin de carrera que debes presentar para obtener tu título. Del mismo modo, es posible que tu novelista favorito no escriba con el rigor de un científico. Es decir, el autor de un texto, desde el más sencillo hasta el más complejo, debe pensar ante todo en su público objetivo.

Además de pensar en a quién quiere llegar con el texto, el autor también debe tener en cuenta el contenido que quiere transmitir y cómo lo hará. En ese momento, entra en juego la inspiración. Pero… ¿y si falta? De nada sirve ser un experto en gramática normativa si ni siquiera sabes por dónde empezar a escribir. Y ahí vale todo: leer e investigar mucho sobre el tema, hacer una lluvia de ideas, escribir lo primero que se te ocurra en un trocito de papel, todo para ejercitar la creatividad. Después, por supuesto, hay que dejar que el texto fluya.

Recuerda que no todo el mundo tiene facilidad para expresarse por escrito. En nuestra mente, las palabras van y vienen, y a veces el texto no sale exactamente como lo imaginamos. No todo el mundo tiene la imaginación necesaria para crear mundos fantásticos o crónicas tragicómicas sobre los azares de la vida. Sin embargo, coger un diario y escribir sobre algo curioso que haya ocurrido ese día, o incluso abrir Twitter y escribir un pensamiento interesante que se te haya ocurrido, son buenas formas de practicar la escritura. Aunque sea solo para ti. Porque escribir también ayuda a liberar emociones y sentimientos, y a recordar lo que no queremos olvidar.

Escribir, por lo tanto, es ir más allá, es expresar aquello que has visto, sentido, imaginado, experimentado, estudiado, pensado y que tienes ganas o necesidad de plasmar o compartir. Así que no te limites por miedo a cometer errores gramaticales, del mismo modo que la expresión a través de dibujos no te frena la mano. El paso siguiente y previo a la publicación es la revisión del texto. Si necesitas corregir lo que se salga de la norma, cuenta con una buena revisión. Hasta entonces, déjate llevar por la escritura.