
¿Sería todo esto culpa de George Orwell?
Desde 1948 hasta la actualidad
Escrita al final de la Segunda Guerra Mundial y publicada en 1949, la obra «1984» se basa en un análisis de Eric Arthur Blair, conocido mundialmente como George Orwell, sobre cuál sería el futuro de la humanidad tras la guerra.
La característica de la obra que marcó a generaciones de lectores fue la falta de privacidad. Unos dispositivos desconocidos para la gran mayoría de la población de la época, pero que ya se estaban desarrollando —y algunos incluso se habían implementado e instalado por gobiernos de todo el mundo—, controlaban cada paso de cada ciudadano en todo el mundo.
Winston, el protagonista de la historia, es un personaje que se rebela contra el sistema social y político vigente en Oceanía, una de las potencias que quedaron tras los conflictos bélicos, gobernada por un único partido que controla todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos.
Conocido como el Gran Hermano, el líder del Partido es una entidad sobrenatural y omnipresente en Oceanía, una figura que se hace pasar por aquel que todo lo ve, todo lo sabe y todo lo conoce. El mayor temor de los proletarios, la clase trabajadora, que no goza de ningún privilegio ni de una posición destacada dentro del Partido, es ser pillados o sorprendidos cometiendo un delito por el Gran Hermano.
Sin darse cuenta, debido a la masificación de la información, muchos telespectadores de todo el mundo han sucumbido al poder del Gran Hermano, el Big Brother, manteniéndose hipnotizados ante una pantalla de televisión. Peor aún: totalmente vendidos y rendidos al sistema socioeconómico, en busca de sus 15 minutos de fama, tal y como predijo Andy Warhol, personajes de la vida real han abierto las puertas de su privacidad, de su intimidad, a cambio de un puñado (significativo, es cierto) de dinero.
Mientras tanto, está la otra cara de la moneda: aquellos que pagan (sí, porque incluso la televisión en abierto está patrocinada y los mensajes publicitarios quedan grabados a fuego) para ver hasta qué nivel de libertinaje, pérdida de identidad y permiso para explotar la intimidad llega un grupo de personas confinadas. ¿Por dinero, vale la pena hacer cualquier cosa?